viernes, 27 de noviembre de 2009


Sucre 27 de noviembre.
Al final no se cómo acabo la realidad, distante de mi conciencia trato de endurecer lo que siempre fue blando a los corazones humanos…
Esta tarde gris, de lluvia silenciosa, con tonalidades de inviernos fugaces, me congelan en la mancha mecánica de mis angustias.
Estaba ella, él, aburridos con tanta felicidad, era inevitable, la tranquilidad y bucólica alegría, daban cierta sensación de empalagamiento existencial.
Pero estaba ahí, sin menor sentido de orientación.mas que este cafe internet que dobla la misma canción una y otra vez, tratando de desangrar mi conciencia musical, por algunos ruidos infernales, que salen como invocados por algún sentido de salvación desde el purgatorio personal que se plantean algunos rockeros, metaleros, y demás engendros, de sus cárceles interiores.
La mancha seguía en su mismo lugar, no sabiendo si es un elemento decorativo, o un raro ruido ornamental de las casas, y sus teorías hogareñas.
Mientras yo me derretía, en un silencio, que ya se hizo costumbre, o que formo parte de mi vida, me llama la atención. Escuchar mis silencios. Porque solo cuando estoy en silencio me escucho. Escucho. Voces interiores. Gritos, quejas, recuerdos, sueños, conceptos, autores, y hasta gemidos…
Pero este silencio, ya parece una melodía, lentamente se va… vuelve, genera ciclos de relativa relajación, anulando los demás ruidos, baja a la miel de mis deseos. Y creo exactamente ahora donde debo ir, seguro sigue esperándome, no es ella ni él, ni nada.. solo me espera, alguien para que vuelva.. volver es lo que no todos hacemos. Ese es el misterio del eterno retorno…